martes, 11 de noviembre de 2008

Ocho (remake)

Una vieja historia sacada de antiguas publicaciones de http://www.mesti-zoo.blog.com/, que pueden visitar cuando gusten.
Recuerdo que el cuento lo armé en menos de una hora, y casi no tuvo rectificaciones posteriores, espero que disfruten un rato con él.


Doc: volvamos al principio sr. Bobby, cómo es que usted empezó el camino para llegar hoy aquí?, qué era en ese entonces?, qué fue después?, quién carballos es Usted?, me lo podría explicar?...
B: (silencio)
Doc: y?
B: (silencio, pero con cara de zombie y babeando por la comisura de los labios)
Doc: disculpe, pero el tiempo se consume y esta sesión debo cobrársela, esto es un trabajo para mí, solo
se lo digo para que lo tenga claro... y usted bien sabe.

Bobby no hizo nada, bah, en realidad no dijo nada, pero cuando el doctor terminó de hablar le incrustó el bolígrafo en la zona del abdomen, cayeron al suelo, y una vez allí, con el Doc inmovilizado comenzó a buscar su ombligo e introdujo en él el bolígrafo hasta partir la capa de piel que separa lo más profundo de la membrana con la parte superior de las profundidades del cuerpo humano... es raro, son asuntos fronterizos, lo más interesante vino cuando el doctor logró separarse de Bob, abrió la puerta de su despacho y continúo con su cantata en RE mayor de alaridos, pero con baño de sangre incluido, teledirigido a todos los allí presentes.
El tapado de la vieja Fritz recobró un poco del color que la sangre del zorro dejó cuando fue atrapado en Bratislavia, y para qué contar los saltos que pegaba Benji, el pequeño nieto de la señora Fritz bailando al ritmo del Doc.
Bob, mientras tanto, sin dar respuesta alguna, invitó a la señora Fritz a que pasara al despacho... ella, media compungida por el terrible espectáculo que estaba viendo, decidió entrar, no diremos que no tuvo miedo; en la distancia creo que decidió entrar por el miedo que sintió al pensar que la ira desatada se vendría contra ella en el momento que huyera. Se sentó y tuvo la última sesión de psicoanálisis de su vida. Bob no la mató, pero encontró en ella a un ser que sabía de antemano que no cuestionaría, reprocharía o haría de esas visitas algo interminable... él había recorrido muchos despachos, y este era el último, el del más renombrado de los médicos de la especialidad, su ira nació como consecuencia de la impotencia que sintió al tomar conciencia que nadie letrado le daría soluciones o caminos por recorrer, solamente él, y su cualificado conocimiento de sí mismo.

Hablo de sus cosas, respondió al pie de la letra a las preguntas que el Doc preguntó al comienzo, sin dejar de hablar por más de dos horas.
La Policía nunca logró dar con él, las casualidades hicieron que ese día la secretaria no estuviera, y que la cita hubiera estado fijada para más tarde, pero sin quedar registrada en la libreta de anotaciones. Al ser la primera visita, no tenía tampoco ficha de paciente, lo que sumado a la complicidad de la señora Fritz y la ilusión por las experiencias vividas por Benji, nadie dijera nada de Bob y el caso quedara cerrado por falta de pruebas.
El Doc murió por la ingesta de pastillas posterior, que tanta gracia le causaba al niño, y que colocó cuidadosamente en su boca y en el boquete que había quedado en su abdomen tras el paso de la pluma Parker...
Bob, sigue vivo, escribe de vez en cuando, cambió de ciudad y logró hacer lo que siempre quiso, encontrar la manera de enfrentarse al mundo desde su propio pensamiento, prestando más atención a sus sueños que a sus pesadillas

1 comentario:

Anónimo dijo...

buenísimo, simplemente genial!