Nota extraída de "La Contra" de La Vanguardia, lugar en el que suelo caer de vez en cuando para concretar alguna lectura de bar, mientras distiendo la mente (¿workhólica?, ja!), o huyo en el intento (!!!).
Siempre me ha resultado muy interesante la relación entre capitalismo y religión, algo a lo que Max Weber dedicó unas cuantas páginas en "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", donde despliega un análisis comparativo que contempla el desarrollo de diferentes civilizaciones, teniendo en cuenta bajo qué consignas religiosas se han desarrollado. Al observar esas culturas "modernas", busca explicar de alguna manera la dualidad Oriente - Occidente. Cutremente dicho, y en resumidas cuentas, porque algunos son tan guays y exitosos, y otros tan cutres y zaparrastrosos.
Este artículo, aunque corto, viene a resumir muchos conceptos de larga data, incrustados en la neo-postmodernidad en la que nos encontramos inmersos.
Eva Illouz es filósofa, deconstructora de la autoayuda, la psicología y las nuevas religiones. Nació en Marruecos, creció en Estados Unidos y vive en Israel. Dice que los hijos son la última religión universal. Es polémica, pero a su vez muy concreta.
Evidentemente, lo que más me cautivó fue el título de la nota, puesto que, a pesar que las letras de los periódicos son todas iguales, hay algunas que llevan en sí luces de neón, con un brillo propio del Moulin Rouge o la calle Corrientes. ¡Cómo no leer una entrevista que comienza así!:
"Tras forrarse con trampas nos aplican la cultura del esfuerzo"
No los detengo más con mis divagaciones, vamos al grano, pero no dejen de leer a Weber, hace casi 100 años que escribió sus obras más importantes, pero su vigencia es tan grande como su importancia para aquella joven ciencia llamada Sociología...
Durante siglos, el ideal del hombre culto era el equilibrio.
¿En qué sentido?
Lograr la ausencia de emociones intrusas en la paz del alma. Si las dominabas, alcanzabas la ataraxia.
Y si no, eras un esclavo de tus pasiones.
El cristianismo transforma ese ideal de la paz interior en el de “la paz de Dios”; y las pasiones, en pecados. Y va un punto más allá en cuanto a reprimir el sexo. Ahora ya no se trata de no practicarlo: eso es fácil...
¡Qué me va a contar!
El cristiano debe conseguir no desearlo. Y eso requiere un cambio profundo en su conciencia, que es lo más importante de su vida.
Entonces el dinero era un pecado más.
Hasta el protestantismo, que da una vuelta de tuerca materialista a ese ideal; ya no se trata de dominarse y contemplar a Dios en la pobreza; para ser bueno y feliz debes trabajar duro y ser honesto y así llegarás a rico, que equivale a ser santo. Y, con esa moral victoriana, Inglaterra conquista el mundo.
La cultura del esfuerzo que hoy revive.
Siempre vuelve en las refundaciones del capitalismo como la que ahora vivimos. Esa moral victoriana niega la buena suerte, porque, para un buen hombre, la buena suerte sólo es el fruto del trabajo duro de cada día.
Y habría que tener algún talento...
El talento supone haber tenido la fortuna de nacer con él, y la moral victoriana sólo reconoce lo ganado con esfuerzo y honestidad.
Siempre recompensados... En el cine.
Se trataba de que aceptaras el orden establecido, y, a cambio, te brindaban la ilusión de que había una escalera social para que cualquiera –con o sin talento o apellidos– que sudara lo suficiente llegara a ser rico.
¿Y usted no cree en ese esfuerzo?
Yo creo en la historia, que muestra la cantidad de casualidad y a menudo desvergüenza requeridas para amasar fortunas. Después, el mito lo forjan los ganadores, que suelen preferir que se les admire por sus méritos personales que por su suerte, porque, como ellos, puede tenerla cualquiera.
¿Por qué vuelve esa moral victoriana?
Porque el colapso financiero ha puesto en evidencia que quienes manejan el sistema hacen trampas y aun así al fin acaban ganando. Y eso hace sentirse idiotas a quienes no las hacen y van a trabajar cada día.
También hay quien disfruta su trabajo.
Para controlar y regenerar el sistema deben volver a convencernos de que si trabajamos duro, tendremos recompensa. Por eso ahora resucitan la cultura del esfuerzo para neutralizar la de casino y la del favor político, que acaban de demostrar que sí son efectivas.
¿Y dónde está la felicidad?
En el XIX estaba en la honradez y en la riqueza, hasta que el psicoanálisis y la psiquiatría, que hasta entonces sólo se habían preocupado de los enfermos mentales, crean una categoría genial: los neuróticos. Y en los 70 democratizan la enfermedad mental.
Ya puedes ir al psicólogo sin estar loco.
Neurótico es cualquiera que sufra un conflicto interno. Es una gigantesca operación de marketing sanitario: si te enamoras de una chica, pero no te conviene, tienes un conflicto y tal vez una neurosis; o si te peleas con tu padre o los vecinos o con tu perro..., tienes conflictos y eres un neurótico.
Y tal vez necesites medicación...
Antes que las píldoras, los psicólogos conciben otro provechoso invento: la autorrealización. Ya ni siquiera necesitas un conflicto para ir a terapia. Ahora, basta con que no te "sientas realizado" para cobrarte la visita.
O al menos para venderte su librito.
Cualquiera puede pagarse ese libro que le ayude a realizarse. Y entonces aparece toda una narrativa –en su mayoría, banal– para ayudarte a realizar “todo tu potencial”.
Género en auge.
Si trabajas mucho, eres workahólico y necesitas ayuda, pero si trabajas poco y no eres ambicioso, también necesitas ayuda, porque te falta autoestima... Debes ir a terapia.
Y se titulan por miles los psicólogos.
Nuestra vida se ve invadida por su palabrería: si te gusta el sexo y lo practicas sin cesar, eres sexoadicta y tienes miedo al compromiso; pero si, en cambio, te enamoras perdidamente de alguien y le eres fiel, eres dependiente e insegura de ti misma.
¡Qué estrés!
El gran cambio respecto a san Agustín o la moral victoriana es que hoy tu objetivo es inalcanzable: está siempre en movimiento.
Y la cartera, tras él...
Te convencen de que debes estar toda tu vida “trabajándote” y para ello necesitas guías, terapia, libros, consultas, pastillas...
¿Y si vas a tu bola y punto?
Somos humanos y requerimos de marcos de referencia e instituciones, pero, como están en crisis, sólo nos queda la psicología para buscar algo de coherencia. Así que ellos siguen ganando. Y ahora, con pastillas: se muere un familiar, te las dan para superar el luto; te abandona la pareja, igual. Llorar, que era lo más natural del mundo, hoy es un trauma que debe tratarse a pastillazos.
Se han medicalizado los sentimientos.
Y las carreras. Un profesional ahora debe lograr lo imposible: ser cordial con sus compañeros, pero competitivo; buen jefe, pero también buen amigo; ser simpático, pero no demasiado, porque sería débil... Ni muy enérgico, porque sería autoritario. Por eso también necesita coaching psicológico.
¿Y si te aceptas como desastre?
Siempre habrá gurús dispuestos a ayudarle: esté tranquilo.
(el video final es un regalo para este día con olor a necesidad de ataraxia. Bring it on, traido por Nick Cave, no hace falta decir más, que cada uno contruya su jardín, como pueda o con la ayuda de quien quiera, Bona Nit Malparits y ojo con el mano chanta gafapasta que tienes en la mesita de noche, que no te quite el sueño ;-)