Borja Cobeaga, Vasco, 31 años, director de cine. A juzgar por lo que he leído de él hasta el momento, una persona con los ánimos por las nubes y las antenas bastante alertas. Esto no lo digo sólo por lo que es posible ver en su trabajo, tampoco es que lo conozca, es que sólo puedo echar mano de sus artículos en periódicos y lo que está reflejado en su blog, que les recomiendo visiten en cuanto puedan (http://www.korbabokeaga.blogspot.com/).
A los 9 años comenzó su carrera cinematográfica, hacia cortometrajes en su casa entre amigos. Uno regresa a la infancia y cada uno tiene lo suyo, pero es que a esa edad solo se me ocurría jugar subiéndome a los árboles, andando en bicicleta o acertando al blanco o la cabeza de algún amigo con la ondera (elemento hecho con una horquilla de madera y unos elásticos que sirven para arrojar elementos contundentes).
No digo que no hiciéramos historias guapas, de hecho en el fondo del taller del Nono podíamos pasarnos más de una tarde entera jugando con mi hermano, mis primas y sus primos al barco. El barco tampoco era tal, pero un largo andamio y unos tablones eran suficientes para delimitar quién era tripulante y quién naufrago, o quién lo sería si el juego se volvía en su contra.
Quizás fuera por eso que una tarde se me ocurrió, entre historias de piratas, que mi bisabuelo podía haber enterrado un tesoro al pie del gran duraznero salvaje (digo salvaje porque nadie se hizo cargo nunca de haberlo plantado allí). Vaya risas que dieron todos aquel día al escucharme decir esto, teniendo en cuenta que mi bisabuelo hacía una década que se había pulido todo lo que tenía. Mi alma bondadosa y flipante me llevó a pensar que el Nono Quito (así se llamaba) había pensado en los demás, y nos estaba dejando en secreto algo que todavía no había develado, y teniendo en cuenta que estaba muy enfermo, hubiera sido intenso descubrirlo gracias a nuestro ingenio, previo a la lectura del testamento que nunca fue. La cuestión fue que posteriormente a la explicación nadie se animó conmigo a cavar en aquel patio.
Pienso en ello, porque repaso lo que ha hecho este casi contemporáneo amigo, y veo las distancias que puede haber con alguien que tenía la capacidad de llevar su imaginación a la imagen duradera del cine.
“Sin escapatoria”, “Comando Águilas Rojas I y II”, “Billy Manonegra”, “Un fantasma superguay”, “Un detective muy especial”, “Sangre Suicida” son las menciones que he encontrado como trabajos de esta época de incipiente director.
En el 2001 rodó “La primera vez”, y aquí debemos hacer una fe de erratas, este corto fue nominado a los Goya en 2001, y no a los Oscar como dijimos en el post anterior, sepan disculpar.
Recién en 2005, se realiza “Éramos pocos”, nuevamente con Mariví Bilbao, y esta obra sí mereció la nominación a los premios de Hollywood en el 2007.
Hoy les ofrecemos esta joyita, de este talentoso director en dónde encontrarán más de un mensaje. Esperamos les guste tanto como a nosotros. No obstante, no quiero desviarme de su autor, además de desempeñarse en este oficio, escribe columnas quincenales para el diario El País y El Periódico de Catalunya, los invito a echarles un vistazo. Son bastante sucintas, pero no libradas de una sagacidad interesante.
Éramos pocos y… ¿¿¿parió una abuela???, hasta la próxima.
A los 9 años comenzó su carrera cinematográfica, hacia cortometrajes en su casa entre amigos. Uno regresa a la infancia y cada uno tiene lo suyo, pero es que a esa edad solo se me ocurría jugar subiéndome a los árboles, andando en bicicleta o acertando al blanco o la cabeza de algún amigo con la ondera (elemento hecho con una horquilla de madera y unos elásticos que sirven para arrojar elementos contundentes).
No digo que no hiciéramos historias guapas, de hecho en el fondo del taller del Nono podíamos pasarnos más de una tarde entera jugando con mi hermano, mis primas y sus primos al barco. El barco tampoco era tal, pero un largo andamio y unos tablones eran suficientes para delimitar quién era tripulante y quién naufrago, o quién lo sería si el juego se volvía en su contra.
Quizás fuera por eso que una tarde se me ocurrió, entre historias de piratas, que mi bisabuelo podía haber enterrado un tesoro al pie del gran duraznero salvaje (digo salvaje porque nadie se hizo cargo nunca de haberlo plantado allí). Vaya risas que dieron todos aquel día al escucharme decir esto, teniendo en cuenta que mi bisabuelo hacía una década que se había pulido todo lo que tenía. Mi alma bondadosa y flipante me llevó a pensar que el Nono Quito (así se llamaba) había pensado en los demás, y nos estaba dejando en secreto algo que todavía no había develado, y teniendo en cuenta que estaba muy enfermo, hubiera sido intenso descubrirlo gracias a nuestro ingenio, previo a la lectura del testamento que nunca fue. La cuestión fue que posteriormente a la explicación nadie se animó conmigo a cavar en aquel patio.
Pienso en ello, porque repaso lo que ha hecho este casi contemporáneo amigo, y veo las distancias que puede haber con alguien que tenía la capacidad de llevar su imaginación a la imagen duradera del cine.
“Sin escapatoria”, “Comando Águilas Rojas I y II”, “Billy Manonegra”, “Un fantasma superguay”, “Un detective muy especial”, “Sangre Suicida” son las menciones que he encontrado como trabajos de esta época de incipiente director.
En el 2001 rodó “La primera vez”, y aquí debemos hacer una fe de erratas, este corto fue nominado a los Goya en 2001, y no a los Oscar como dijimos en el post anterior, sepan disculpar.
Recién en 2005, se realiza “Éramos pocos”, nuevamente con Mariví Bilbao, y esta obra sí mereció la nominación a los premios de Hollywood en el 2007.
Hoy les ofrecemos esta joyita, de este talentoso director en dónde encontrarán más de un mensaje. Esperamos les guste tanto como a nosotros. No obstante, no quiero desviarme de su autor, además de desempeñarse en este oficio, escribe columnas quincenales para el diario El País y El Periódico de Catalunya, los invito a echarles un vistazo. Son bastante sucintas, pero no libradas de una sagacidad interesante.
Éramos pocos y… ¿¿¿parió una abuela???, hasta la próxima.
1 comentario:
Que barbaro que esta, me mato el final, muy bueno.
Andres Kopp.
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