Billy the Killy o el poder de lo causal. Ese es el título que me vino a la mente cuando vi esto que van a ver ustedes, mis queridos compañeros.
Acomoden sus asientos, levanten el volumen de sus altavoces/parlantes, y desde allí sentaditos empiecen a mover sus gluteos al ritmo de la música; para un lado o para otro, hacia adelante o hacia atrás, o bien, si sus butacas tienen rueditas, mejor que mejor, porque pueden pasearse en círculo sin despegar sus ojos de la pantalla. Esto, por supuesto, si es que les gusta lo que ven; si no fuera así, disfruten de lo que les venga en gana, para eso se ha inventado el tiempo, ¿no?.
Yo creo que lo disfrutarán, se los aseguro (aunque entro en poder de la contradicción), y verán cómo “casualmente” se encuentran estas cosas.
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