Entro en la mente, salgo, vuelvo a salir, entro, salgo, entro y salgo. ¿Qué carajo hace ese lapiz encima de la mesa?, ¿si yo no lo había dejado ahí?.
Qué cosas tiene este mundo, uno nunca encuentra las cosas donde le gustaría que estuvieran. Uno tampoco piensa en que todo se acaba hasta que empieza a suceder, también es cierto. Pero nada más alejado de lo melodramático que el día de hoy. Tanto quejarse, tanto quejarse, y al final son solo 2 días en esta vida.
En fin, voy a ponerme a pensar en algo interesante...
Pasan 2 minutos, 3 minutos, 4 minutos, 12 minutos, ya voy por los 17 y de los cesos sigue sin salir nada, ni una asociación para ofrecer algo coherente a la audiencia...
Y estas cosas pasan, querés encontrar esa trama, esa velocidad en el relato, las palabras justas, la sorpresa, el misterio, pero nada, solo tonterías sueltas, que es igual que el vacío. O por lo menos a mí me lo parece.
A veces sucede, me digo a mí mismo, sin convencerme mucho; ¿porqué por la noche las ideas brotan como el agua de un pozo recién abierto, y en la sequía de la mañana solo hay eso, ausencia de ideas?.
En fin, no te cuestiones más, que no hay remedio para estas cosas, no aciertas nunca a saber qué cojones puede estar pasando, pero se parece mucho a un cierre de compuertas a la "flotación limpia o sucia" de la imaginación.
Miro a mi alredededor buscando algo que me inspire, la carpeta azul, demasiado inexpresiva, la cámara digital, poco y nada que decir, los auriculares en posición de descanso, que sigan por allí...
Ven?, lo busco y rebusco pero nada de nada, solo el quebradero de cabeza que me infunde la lámpara de la oficina.
Decido salir, voy hasta la máquina de café, meto la moneda, elijo Capuccino, siempre las mismas elecciones, prendo un cigarrillo y lo disfruto mientras bebo rápidamente la mezcla espumosa que acaba de salir de la máquina.
Con qué saborizante lograrán esta sensación tan, cómo decirlo, ¿metálica?, ¿revoltosa?, pero a la vez querendona. La verdad es que se esfuerzan para hacerlo feo, ehhhh?.La única función interesante que le he encontrado a estas infuciones industriales, es la de cumplir una máxima a raja tabla. Café con cigarro, muñeco de barro.
En serio se los digo, es impresionante cómo los productos que salen de estas máquinas tienen propiedades laxantes, ya ni el cigarro hace falta para correr a evacuar la revolución estomacal. Casi te diría que se parece mucho al esfuerzo interior de todos los presos de la Bastilla, empeñados en recorrer las autopistas de los intestinos. Medio escatológico, no???... pero también son cosas que suceden y omitimos contar, porqué no hacerlo?
La revolución comienza de a poco, por lo que camino unos pasos, al tiempo que recuerdo que he olvidado el cambio en el agujerillo de las monedas. Vuelvo sobre ellos, la recojo. ¿Porqué pondrán este sitio tan abajo?. Uno tiene que inclinarse como ante un rey de reyes para cojer el vuelto.
Me incorporo, hago una profunda calada y miro a mi alrededor los objetos desperdigados, apilados, algún trabajo olvidado, el pensamiento recurrente de que esto es un desorden y que hay que hacer algo, que olvido siempre que no regreso a este tipo de momentos y lugares, aunque pensándolo bien, paso muchas veces por aquí sin notar nada fuera de lo normal (lógicamente, porque la normalidad es el desorden), con lo cual, solo en este momento contemplo lo que miro, las otras veces simplemente veo (qué filosófico/barato). De verte a mirarte hay un abismo, y no pondré a discurrir filosóficamente (porque no pretendo seguir repartiendo baratijas innecesarias).
En eso se abre el portón principal, hace frío, mucho más que el año pasado, que fue un otoño largo, y mientras tanto las ideas se suceden sin que casi nunca las recuerde, salvo hoy, entre las hojas y el polvo que el viento empuja a entrar sin pedir permiso alguno, esquivando tan cotidianas figuras.
Retomamos el ciclo de cortos con Un Corto, algo nuevo, gustozo, sorprendente. divertido... veanlo y me cuentan, yo sigo dejando que la sombra que se proyecta en el portón me atrape en este otoño hogareño.
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